Tengo la suerte de tener a los hermanos Martín y Martín como vecinos. Suelo pasarme de vez en cuando por su nave-taller para cotillear y ver que nueva máquina les han dejado para restaurar o preparar. Felipe es una exquisito restaurador que se atreve con todo, sosegado y meticuloso como pocos, Juan en cambio lleva la vena racing en el cuerpo. Aunque le mete mano a todas las motos de carreras de época lo suyo son las Ducatis. Tiene lista de espera y en un cuarto de grandes ventanales aguardan su turno una hilera de convalecientes italianas, ansiosas por pisar de nuevo el afalto rugoso de los circuitos. Conviene pasarse con tiempo por este sanatorio tan particular.
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